Juan Sebastián Verón cumplió promesa hecha a su padre

Estudiantes de La Plata consiguió su cuarto campeonato de Libertadores de la mano de la 'Brujita'
En la noche de la “Bruja” solo él fue capaz de traer los dulces. Para todos, para ti también. Juan Sebastián Verón no necesitó disfraz para volver y cerrar el círculo (su círculo). Con el campeonato logrado anoche en la final de la Copa Libertadores ante Cruzeiro, la ‘Brujita’ logró alimentar sus capítulos de leyenda. Desde que regresó al fútbol sudamericano en el 2006, Verón no solo se consagró como el mejor futbolista de este continente en el 2008 (encuesta del diario uruguayo El País) sino que ahora consiguió el título que le faltaba y que le prometió a su padre: la ansiada Libertadores.

“Mi hijo es el mejor jugador de la historia de Estudiantes”, dijo su padre, Juan Ramón Verón en el programa matutino Despertate. Y esto no es amor filial, podría casi ser un dato estadístico. Con Verón, el hijo, Estudiantes le volteó el partido a Cruzeiro en el mismo Mineirao de Belo Horizonte y con el 2-1 de visita se consagró campeón de la Copa Libertadores. Por cuarta ocasión. Con “tetra” sí hay paraíso. Vamos, todavía.
Fue emocionante porque la “Brujita” se reinventó e hizo del árbol genealógico una manera de ser campeón. Juan Sebastián se la jugó en su regreso y dio los pases gol para los dos tantos “pincharratas” (Fernández 57” y Boselli 72”) y dejó sin valor el tanto inaugural de Henrique a los 52”. También lo hizo por su viejo, porque Juan Sebastián lloró pensando en Juan Ramón, la “Bruja” mayor, con quien Estudiantes logró la trilogía de títulos en 1968, 1969 y 1970.
Hace tres años volvió Juan Sebastián Verón al fútbol argentino y ahora sí podría irse en paz. Llegó desde la cima del fútbol y en esta final de Copa Libertadores confirmó que lo había aprendido todo. Para cerrar hay que saber. Quedará en esta historia, en este último capítulo, que Verón fue el mejor de América cuando muchos lo habían etiquetado como ex jugador. Una vez más la lección de la parábola eterna: no subestimes nunca a un campeón con la voz intacta para gritar por siempre.
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